domingo, 16 de julio de 2017

Dicen que la distancia es el olvido: NOS FUIMOS POR TABACO... ¡PERO YA HEMOS VUELTO!

Parafraseando a Gardel, la distancia no es el olvido, y no, no concebimos esa razón, y seguimos siendo cautivas de nuestro bien amado Heródoto.

Han pasado 5 años desde la última entrada al blog, y sentimos mucho no haber podido acudir puntualmente a nuestra cita con este magnífico libro. Pero durante todo este tiempo se han sucedido muchas, muchas cosas, y algunas nos han hecho estar en "off" incluso para los acontecimientos habituales de la vida.

Finalmente, parece que todo ha vuelto a "casi" la normalidad y nosostras retomamos el camino de la "HISTORIA".

Y nuevamente, tomando las palabras de Carlos, volvemos con la frente marchita y con nuestras sienes plateadas por las nieves del tiempo. Y efectivamente, 5 años no son nada.



 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Creso y su hijo Atis: LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN 2ª parte (Pero... ¿quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?”). Libro I: Clío. Logos Lidio. Capítulos 41 a 46

-->
41. A continuación, para asegurarse de que a su hijo no le iba a suceder nada malo, Creso (Κροσος) llamó a Adrasto (δρηστος), y le dijo: 

-      “Amigo mío, yo te purifiqué y te acogí en mi casa cuando viniste a mí buscando ayuda, por lo que ahora me debes un favor. Quiero que cuides de mi hijo en esta cacería, no sea que os asalten ladrones y os hagan daño. A ti, además, te conviene participar en una expedición en la que puedas demostrar el valor que has heredado de tu familia”

42. Adrasto respondió: 

-     “Señor, aunque una persona como yo no debe estar con gente noble, a quienes la suerte le sonríe, estoy dispuesto a hacer lo que me pide ya que le estoy muy agradecido por el favor que me hizo. Por esta razón tenga la seguridad de que haré todo lo que pueda para que tu hijo vuelva sano y salvo a casa.”

43. Dicho esto, los dos jóvenes se marcharon acompañados de ayudantes y de perros de caza. Cuando llegaron al monte Olimpo (Όλυμπος), buscaron a la temible fiera, y al encontrarla la rodearon y le dispararon sus flechas. Fue justo en ese momento cuando el infortunado Adrasto, al disparar un dardo contra el jabalí falló y, en vez de dar a la fiera, la flecha alcanzó al hijo de Creso. De esta manera fue como se cumplió el sueño de su padre.  

44. Creso se quedó destrozado por la muerte de su hijo y lo que más le dolía era que quien había matado a su hijo era la misma persona a la que había purificado de un homicidio.  

En un momento de gran dolor invocó a Zeus (Ζεύς) bajo tres advocaciones. Primero a Zeus "El Purificador", para que este dios fuera el testigo del daño que le había hecho el extranjero Adrasto. Después rezó a Zeus "El Protector del hogar" porque había acogido en su casa y había agasajado, sin saberlo, al asesino de su hijo. Y finalmente se encomendó a Zeus "El  Protector de la amistad", porque había enviado al huesped como el amigo que cuidaría a su hijo y al final este amigo resultó ser su mayor enemigo.

Zeus de Dodona, 470 a.C. Altes Museum. UrLunkwill
45. Poco después llegaron los lidios con el cadáver y, detrás, el asesino. 

Adrasto, de pie delante del cadáver, rogó a Creso que lo sacrificara sobre el cuerpo de Atis pues sentía que ya no merecía vivir, tras haber causado la muerte del hijo de quien le había limpiado de su crimen anterior

Sin embargo, Creso, a pesar de su dolor, se compadeció de Adrasto y le dijo:

-      “Amigo mío, al ofrecerte tú mismo a morir, ya tengo toda la venganza y reparación que pudiera desear. Además, no eres tú el culpable de lo que ha sucedido –salvo por el hecho de que tú, sin querer, lo mataste-, sino el dios que me pronosticó en un sueño lo que iba a pasar.”

A continuación, Creso preparó los funerales de su hijo. Al finalizar el funeral Adrasto, hijo de Gordias (Γόρδιος) y nieto de Midas (Μίδας), homicida involuntario de su hermano y del hijo de su purificador, al ver que ya no quedaba nadie en el lugar del sepulcro y convencido de que era el hombre más desgraciado del mundo, se suicidó sobre la tumba de Atis (Άττις).

46. Creso, destrozado por la muerte de su hijo, estuvo dos años de duelo sin hacer nada. Sin embargo, al conocer que Ciro (Kuruš), hijo de Cambises (Καμβύσης), había destruido el imperio de Astiages (στυάγης), hijo de Ciaxares (Κυαξάρης), y que, además, el poder de los persas era cada vez mayor, dio por finalizado el tiempo de dolor por la memoria de su hijo y se puso a planificar la manera con la que frenaría la expansión persa. 

Imperio Meda alredeor del 600 a.C. William Robert Shepherd (1871–1934)

Lo primero que hizo fue poner a prueba a los dioses. Para ello envió mensajeros a los oráculos de Grecia y de Libia. Lo que quería era comprobar qué le respondían en cada uno de ellos y, si realmente sabían cual era la verdadera situación, consultarles si debía emprender la guerra contra los persas.

Mapa de la antigua Dodona. Transferido de el.wikipedia; transferido a Commons por User:Alaniaris usando CommonsHelper.

Los oráculos que consultó en Grecia fueron el de Delfos, Abas de Fócide (Φωκίς) y Dodona (Δωδώνη). También mandó mensajeros al santuario de Anfiarao  (μφιάραος) y de Trofonio (Τροφώνιος), y al de los Bránquidas en el territorio de Mileto (Μίλητος) . En Libia, fueron al templo de Ammón.

Con Creso podríamos decir lo del refrán: "A perro flaco todo le son pulgas", pobre hombre. 

Como véis ya volvemos a encontrarnos con Ciro "El Grande". A partir de ahora comienza la verdadera "Historia" de Heródoto, y no es otra que la de las guerras de los griegos contra los persas, o viceversa.

¡No os perdáis las nuevas entradas!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Creso y su hijo Atis: LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN 1ª parte (¡Atis! ¿Siempre te tienes que salir con la tuya?). Libro I: Clío. Logos Lidio. Capítulos 34 a 40



34. Después marcharse Solón (Σόλων), la divinidad castigó a Creso (Κροσος) por haberse creído el más feliz de los mortales. Fue de la siguiente manera: una noche, mientras dormía, Creso soñó con las desgracias que le iban a ocurrir a su hijo Atis (Άττις) que destacaba en todo lo que hacía sobre los demás chicos de su edad (además de Atis, Creso tenía otro hijo que era sordomudo). 

Por medio de ese sueño Creso supo que Atis iba a morir herido por una punta de hierro. Así que cuando se despertó, temiendo que el sueño se hiciera realidad, mandó casar a su hijo y no volvió a encargarle el mando de sus tropas. Además ordenó que retirasen de las habitaciones destinadas a los hombres los dardos, lanzas y todas las armas usadas en la guerra, y que las llevasen a los arsenales, no fuese que alguna hiriese a su hijo.

Creso recibiendo tributo de un campesino lidio (1629). Claude Vignon
35. Mientras organizaba la boda, llegó a Sardes (Σάρδεις) un miembro de la familia real de Frigia (Φρυγία), cuyas manos estaban manchadas con las sangre de un homicidio involuntario. Este hombre pidió a Creso que le purificara de aquella mancha, cosa que el rey hizo. 

Al acabar la ceremonia de purificación, Creso le preguntó al hombre en cuestión quién era, de dónde venía y a quién había matado.  El extranjero le contestó:

-“Soy hijo de Gordias (Γόρδιος) nieto de Midas (Μίδας) y me llamo Adrasto (δραστος). Maté sin querer a un hermano mío, y he llegado aquí, sin recursos, desterrado por mi padre”.

Creso le respondió: 

-“Eres miembro de una familia amiga, y por esa razón aquí nada te faltará. Además, te aconsejo que lleves tu desgracia con buen ánimo, y así la situación se te hará más llevadera” 

Después de esta conversación, Adrasto se quedó a vivir en el palacio de Creso.

36. Por esas mismas fechas, llegó al monte Olimpo (Όλυμπος) de Misia  (Μυσία) un jabalí enorme que arruinaba los campos. Los campesinos salieron varias veces a cazarlo, pero sin conseguirlo ya que en vez de ser ellos los que hacían daño al animal, era el jabalí el que se lo hacía a ellos. Por esta razón, unos misios se presentaron ante Creso y le dijeron:

-“Alteza, ha llegado a nuestra región un jabalí que está destrozando nuestras tierras. Hemos intentado cazarlo pero no le hemos conseguido; por eso te rogamos que mandes con nosotros a tu hijo junto con algunos jóvenes y perros de caza para ahuyentarlo”. 

En ese momento Creso se acordó del sueño y les respondió: 

-“He de deciros que con mi hijo no podéis contar porque se acaba de casar, sin embargo os mandaré unos buenos cazadores con perros, y les encargaré que os ayuden a ahuyentar al jabalí de vuestras tierras”.

Jabalí con perro de caza. Relieve romano. Römisch-Germanisches Museum, Colonia. (BS Thurner Hof)

37. Los misios se quedaron contentos con esta respuesta, pero al rato llegó el hijo de Creso, que se había enterado del asunto, y al saber que su padre no le dejaba ir a Misia, le dijo:

-“Padre, yo antes podía demostrar mi valor en la guerra y en la caza, ya ahora, que no he dado muestras de debilidad ni de cobardía, no me dejas hacer ninguna de las dos cosas. Dime, ¿con qué cara me voy a presentar de aquí en adelante ante la gente? ¿Qué van a opinar de mí los ciudadanos? ¿Qué pensará de mí la mujer con la que me acabo de casar? Por eso te pido que me permitas que vaya a la cacería o bien dime por qué no puedo ir.”

38. Ante estas palabras Creso le dijo:

- “Hijo mío, no he tomado esta decisión por haber visto en ti cobardía, ni nada parecido, lo que pasa es que tuve un sueño en el que vi que morías pronto traspasado por una punta de hierro. Por esto aceleré tu boda, y no te permito ir de expedición por si así consigo librarte de ese triste presagio. No tengo más hijo que tú, porque el otro, al estar sordo, es como si no lo tuviera.”

39. Su hijo le contestó: 

- “Padre, es normal que después de tener ese sueño, tomes precauciones conmigo, pero hay una cosa que me parece que no has comprendido bien y que quiero explicártela. Dices que soñaste que yo moriría por una punta de hierro, pero ¿tiene un jabalí manos o una punta de hierro? Si se tratara de una dentellada o de algo parecido, entonces sí entendería tu miedo, pero en tu sueño aparecía una punta; así que como no vamos a pelear contra hombres, permíteme ir con ellos.”

40. Creso, convencido por su hijo, le respondió: 

- “Hijo, entiendes los sueños mejor que yo; tienes razón y por ello te doy permiso para que vayas a cazar.”

CONTINUARÁ...

¿Sobrevivirá Atis a la cacería del jabalí? ¿Los sueños premonitorios que manda la divinidad fallan más que una escopeta de feria? Lo sabremos en la próxima entrada.


sábado, 14 de julio de 2012

Arión y el Delfín: YO QUISIERA SER CIVILIZADO COMO LOS ANIMALES (¿Hasta dónde llegarías por un amigo? ¡Liberad a Arión!). Libro I: Clío. Logos Lidio. Capítulos 23 a 24


23. Los corintios y también los de Lesbos (Λέσβος) dicen que el tirano de Corinto (Κόρινθος), Periandro (Περίανδρος) -aquel que había avisado a Trasibulo de la respuesta del oráculo de Delfos- fue testigo de un acontecimiento increíble: que un delfín había transportado sobre su lomo a Arión (Ἀρίων), natural de Metimna, hasta el cabo Ténaro (κρωτήριον Ταίναρον).

Conviene saber que Arión era uno de los más famosos intérpretes de cítara de su tiempo, y dicen de él que fue el primer poeta que compuso una pieza a la que llamó ditirambo, obra que se representó por primera vez en Corinto.

24. La historia del delfín es la siguiente: Arión, había vivido mucho tiempo en la corte de Periandro y, pasado el tiempo, viajó en barco a Italia y a Sicilia. Desde allí, después de ganar mucho dinero, decidió regresar a Corinto, para lo que fletó un barco en Tarento porque solamente se fiaba de los marineros de esa ciudad.

Ya estaban en alta mar, cuando la tripulación intentó tirarlo al agua para apoderarse de su dinero. Arión, que se había dado cuenta de las intenciones de los marineros, les suplicó que le dejaran con vida a cambio de se quedaran con el dinero. Sin embargo sus esfuerzos fueron inútiles. La tripulación únicamente le dio la posibilidad de elegir entre dos opciones: o bien suicidarse, con lo que sería sepultado después en tierra, o bien lanzarse al mar. 
  Fuente de Arión Castillo de Schwetzinger. Alemania. Harke
Ante esa alternativa, Arión les rogó que, por lo menos, le permitieran vestirse con sus mejores galas y entonar, antes de morir, una canción sobre la cubierta de la nave, prometiéndoles que se suicidaría al terminar la canción. Los marineros, ante la posibilidad de escuchar al mejor músico de su tiempo, aceptaron la propuesta y se pasaron de la popa al centro del barco. Entonces Arión, espléndidamente vestido, cogió la cítara y de pie en el puente cantó un himno al dios Apolo (πόλλων). Nada más terminar la canción, se arrojó al mar.

Según cuentan las historias, mientras  los marineros continuaban su navegación hacia Corinto, un delfín tomó sobre sus espaldas a Arión y lo llevó hasta Ténaro. Apenas puso pie en tierra, Arión se fue a Corinto tal como estaba vestido y contó lo que acababa de sucederle. Periandro, que no se creía toda la historia, lo tuvo vigilado hasta la llegada de los marineros. Cuando éstos llegaron, los hizo llamar, y les preguntó si podrían darle alguna noticia sobre Arión. Cuando respondieron que estaba perfectamente en Italia y que lo habían dejado sano y salvo en Tarento (Τάρας), Arión se presentó delante de ellos con los mismos vestidos con los que se había tirado al mar. Ante esta situación, los marineros, asombrados, ya no pudieron negar los hechos.

Arión sobre el delfín. Alberto Durero, 1914 (http://www.strangescience.net/stsea2.htm)
Esto es lo que cuentan los corintios y los lesbios. Además, en el cabo Ténaro hay una ofrenda de bronce, no muy grande, de Arión, que representa un hombre montado en un delfín.

Una breve y hermosa historia. Un relato que se repite en muchos textos, quizá el que más recordamos es el de Jonás y la ballena.

La extraña y maravillosa relación de las personas con los seres del mar, en especial los cetáceos... 

lunes, 18 de junio de 2012

Aliates y Trasibulo: GUERRA Y PAZ (Dientes, dientes que eso es lo que… nos da la paz). Libro I: Clío. Logos Lidio. Capítulos 17 a 22 y 25


17. Durante su reinado Aliates continuó la guerra de su padre contra Mileto. El sitio de esta ciudad fue así: al llegar la estación en la que maduran los cultivos, Aliates hacía avanzar a su ejército al son de siringas, arpas y flautas, y al alcanzar el territorio de Mileto talaba los árboles y arrasaba los cultivos, retirándose inmediatamente después, sin derribar ni quemar las casas de los campesinos. 

Con ello conseguía dos cosas: evitaba perder el tiempo asediando la ciudad desde tierra, ya que los milesios controlaban el mar, y lograba que éstos, al conservar sus casas, continuaran cultivando la tierra y así su ejército podría saquear la cosecha y abastecerse.

Ateneas pensativa. 460 a.C. Museo Acrópolis (Marsyas)

18. Las hostilidades contra Mileto duraron once años y Aliates derrotó en dos ocasiones a los milesios: una en su propio territorio y otra en la llanura del Meandro

Durante los primeros seis años de la guerra, el rey de Lidia era Sadiates, siguiéndole tras su muerte su hijo, Aliates, quien continuó la batalla los últimos cinco años. 

Mientras duró la guerra, los milesios sólo recibieron ayuda de los habitantes de Quíos (Χίος), de esta manera les devolvían el favor que les debían por la ayuda de los milesios en la guerra contra los habitantes de Eritrea.
 

19. En el undécimo año de la guerra, el templo de Atenea (Παλλάς Αθηνά) en Mileto quedó reducido a cenizas. Esto sucedió así porque cuando los lidios encendieron los fuegos para quemar las tierras, se levantó un viento muy fuerte que empujó las llamas hasta alcanzar el templo de la diosa. 

En un primer momento nadie dió importancia a este hecho, pero todo cambió cuando, al llegar a Sardes (Σάρδεις), Aliates cayó enfermo y no lograba curarse. Preocupado por su salud y al ver que no mejoraba, envió emisarios a Delfos (Δελφοί) para que consultaran al oráculo sobre su enfermedad, sin embargo la Pitia les contestó que no recibirían respuesta del oráculo hasta que reedificaran el templo de Atenea que habían quemado.

Egeo consultando a la Pitia. 440-430 a.C. Altes Museum. (Eduard Gerhard)
20. Yo sé que esto pasó así, porque me lo contaron los delfios. Los de Mileto añaden que Periandro (Περίανδρος), hijo de Cípselo (Κύψελος), huésped y amigo íntimo de Trasibulo (Θρασύβουλος) tirano de Mileto, se enteró de la respuesta de la sacerdotisa de Apolo, y  envió inmediatamente un mensajero para informar a Trasibulo y organizar algún plan contra Lidia.

Periandro. Museo Pio-Clementino. (Jastrow)
21. Cuando Aliates recibió la contestación de la Pitia, envió un mensajero a Mileto para pactar una tregua con Trasibulo y los milesios y poder así reconstruir el templo que había quemado. Concertada la tregua, Trasibulo, que conocía la intención del rey lidio, mandó juntar todo el trigo que había en la ciudad y llevarlo al mercado, y ordenó a los milesios que, a su señal, se pusieran a beber y a hacer fiesta por las calles.

22. La intención de Trasibulo era que el mensajero lidio, al ver los montones de trigo y la alegría de la gente, se lo contase a Aliates. 

Y sucedió como predijo el tirano de Mileto: Aliates, al oír las noticias que le trajo el mensajero y enterarse de que Mileto no estaba en la más absoluta ruina como él creía, concertó la paz con la condición de que los dos pueblos fuesen amigos y aliados. Además, hizo edificar dos templos en honor a la diosa Atenea, y como resultado de se recuperó de su enfermedad.

25. Aliates murió mucho tiempo después de acabar esta guerra, tras haber reinado durante cincuenta y siete años. Una vez se curó de su enfermedad, realizó en Delfos la ofrenda de una enorme crátera de plata con un soporte de hierro -este es uno de los regalos más importantes de todos los que hay en Delfos-. Esta crátera es obra de Glauco de Quíos, único orfebre de aquella época que sabía soldar el hierro.

Aliates fue el padre de Creso. Como vemos, fue un gran estratega, su plan: ganar arruinando a través de largas, larguísimas guerras.

Su hijo será un poco más, cómo decirlo, "expeditivo", e iniciará la guerra contra el imperio persa. Su mayor enemigo: Ciro

sábado, 2 de junio de 2012

Creso y Solón: CÓMO SER FELIZ Y... MORIR EN EL INTENTO (Soloncito, Soloncito sabio: ¿quién es el hombre más feliz del mundo?). Libro I: Clío. Logos Lidio. Capítulos 29 al 33


29. Después de muchas conquistas, la corte de  Sardes alcanzó su máximo esplendor, por lo que a ella acudían todos los hombres sabios de Grecia. Entre estos sabios destaca Solón (Σόλων) de Atenas (θναι) que, tras redactar una nueva legislación para su ciudad, se marchó de su patria durante diez años con el pretexto de recorrer mundo, aunque la verdadera razón por la que inició este viaje fue el no tener que anular ninguna de las leyes que había decretado pues sólo él podría hacerlo, ya que los atenienses habían jurado solemnemente mantenerlas y observarlas durante diez años.

30. Por este motivo y por el deseo de conocer otros lugares, Solón se fue de Atenas y visitó la corte de Amasis (μασις) en Egipto y la del rey Creso (Κροσος) en Sardes. En la capital lidia se alojó en el palacio del rey quien ordenó a unos servidores, dos o tres días después de su llegada, que le mostraran todas las riquezas que guardaba en su tesoro. Una vez que Solón las vió detenidamente, Creso le formuló la siguiente pregunta:

-      “Amigo ateniense, han llegado hasta nosotros muchos comentarios acerca de tu sabiduría y de tu gusto por los viajes, motivo por el que has visitado y conocido muchos lugares; por eso quiero preguntarte si ya sabes quién es el hombre más feliz del mundo.”

Solón ante Creso. Gerard van Honthorst. 1624. Museo de Arte de Hamburgo (fuente.http://www.wga.hu/index1.html)
Creso hacía esta pregunta porque creía que el hombre más feliz del mundo era él. Pero Solón, como era su costumbre, no le aduló sino que siendo sincero le contestó:

-      “Sí, señor, a Telo el ateniense.”

El rey, extrañado, le volvió a preguntar:

-      “¿Y por qué consideras a Telo el más afortunado de todos?”

Solón le respondió:

-      “Porque vivió en una época próspera, tuvo hijos, todos ellos buenos hombres, y vio crecer a sus nietos hasta que se hicieron mayores. Además,  después de haber tenido una vida dichosa, en la medida de sus posibilidades, tuvo un final extraordinario, pues en una batalla en Eleusis (λευσίς) entre Atenas y sus vecinos, después hacer huir a los enemigos, murió gloriosamente y los atenienses le enterraron en el lugar en el que había caído y le rindieron grandes honores.”

31. Esta respuesta de Solón despertó la curiosidad de Creso, el cual le preguntó nuevamente a quién consideraba, después de Telo, el segundo hombre más feliz, pensando que al menos le adjudicaría ese lugar. Pero Solón le respondió:

 -   “A Cléobis y Bitón (Κλέοβις και Βίτων), nacidos en Argos (Άργος). Eran dos hermanos que gozaban en su patria de un nivel de vida aceptable, además de ser hombres robustos y fuertes, lo que les había permitido ganar varios campeonatos atléticos. También se cuenta de ellos que, en una fiesta que los habitantes de Argos hacían en honor a la diosa Hera (ρα), arrastraron el carro en el que tenía que ir su madre hasta el templo de la diosa (que estaba a cuarenta y cinco estadios (wiki) de distancia), pues los bueyes que debían haber tirado de él no habían llegado a tiempo de los campos.”

“Después de hacer esta hazaña ante todo el pueblo, tuvieron el mejor final, con lo que la diosa demostró que para los hombres es preferible estar muerto que vivo.”

“Lo que ocurrió fue lo siguiente: los hombres rodearon a los dos jóvenes y los felicitaron por su fuerza, mientras que las mujeres felicitaban a la madre por tener unos hijos tan extraordinarios. Ella, feliz por lo que habían hecho sus hijos y por los halagos que recibía de sus vecinos, suplicó ante la estatua de la diosa Hera que concediese a sus hijos el mayor premio que puede obtener un hombre. Terminados los sacrificios y el banquete, los muchachos se fueron a dormir al santuario y ya no despertaron. Ese fue su final. En homenaje a estos jóvenes excepcionales los habitantes de Argos encargaron unas estatuas y las dedicaron en  Delfos (Δελφοί)

Estatuas de Cléobis y Bitón (580 a.C). Museo de Delfos. Atribuida a Polímedes de Argos. Fuente: Adam Carr

32. Para Solón, Cléobis y Bitón ocupaban el segundo lugar entre los hombre más felices del mundo.

Creso, enfadado, replicó:

-      “Ateniense ¡¿aprecias tan poco nuestra prosperidad, que ni siquiera nos crees mejores que ellos?!”

Solón le contestó:

-      “¿Me preguntas sobre asuntos humanos a mí? Sé muy bien que los dioses son envidiosos y les gusta enredar en las cosas de los hombres; por eso, señor, la vida de los mortales es puro azar.” 

“Según mis cálculos un hombre vive como máximo setenta años, lo que representa un total de 25.200 días, y como cada dos años hay que añadir un mes intercalar, para que las estaciones lleguen a su debido tiempo, tendremos como resultado treinta y cinco meses intercalares, lo que da un total de 1.050 días más. El resultado final es, por tanto, 26.250 días de los cuales ninguno se parece a otro.”

“Creso, ahora eres rico y rey de muchos pueblos, por eso no puedo responderte hasta que no sepa cómo ha terminado tu vida, porque no por ser muy rico eres es más feliz que el que sólo tiene lo necesario para vivir, a no ser que el destino te conceda además un buen final. Y es que muchos hombres inmensamente ricos son infelices, mientras que otros, con mucho menos dinero, son felices. La ventaja del rico desafortunado frente al pobre afortunado es que el primero puede pagarse todos sus antojos y tiene recursos para hacer frente a los contratiempos. Sin embargo, aquel que tiene menos pero es afortunado, aunque no puede hacer frente a las calamidades ni satisfacer sus caprichos, tiene a la diosa Fortuna de su lado que le protege de esos males y le permite disfrutar de buena salud, no saber de miserias, tener hijos honrados y una hermosa presencia. Esto es tener fortuna, si además su vida termina bien, tendrás al hombre feliz que buscas. Los mortales son como los países, que no tienen todo lo que necesitan para vivir porque si tienen unos bienes, les faltarán otros.”

“Por eso siempre has de esperar a que el hombre muera para llamarlo feliz. Antes de eso puedes llamarlo afortunado. Así, el que es más rico y muere plácidamente, éste, señor, es para mí quien merece con justicia el nombre de feliz. Esta es la razón por la que siempre es necesario tener en cuenta el final de la vida del hombre, ya que con frecuencia la divinidad les presenta a muchos la felicidad y luego se la arrebata.”

33. A Creso no le gustaron nada estas palabras de Solón, así que lo despidió sin prestarle atención, convencido de que el ateniense era un ignorante ya que no hacía caso de los bienes presentes y sí a cómo terminaban las cosas.



¿Conocería Solón la muerte de Creso? ¿Sabría de ella? Por las fechas de las muertes de ambos personajes no fue posible, pero está claro que viendo el final de este rey, el sabio ateniense habría afirmado con rotundidad:  "Creso, sin lugar a dudas, no fue un hombre feliz".

Todavía falta mucho a que llegue la muerte a Creso, hay muchos personajes que conocer, lugares que recorrer, culturas que comprender. Batallas, aventuras, tragedias y fortunas... Heródoto en todo su apogeo.